BDSM

BDSM para principiantes

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¿Sabes qué es el BDSM? Más allá de lo que sugieren sus siglas, no se trata de violencia ni de dolor sin límites, sino de una relación de poder consensuada basada en la confianza, la comunicación y el deseo compartido.

BDSM significa Bondage, Discipline, Sadism y Masochism. Cuatro conceptos que pueden imponer a primera vista, pero que en la práctica se integran dentro de juegos eróticos sensatos, seguros y consensuados (SSC), basados en el consentimiento explícito y en acuerdos claros donde cada persona decide hasta dónde quiere llegar.

Quizá ya has experimentado alguna forma suave de dominación sin llamarla así: sujetar las manos de tu pareja, vendarle los ojos, marcar el ritmo del encuentro. El BDSM no empieza necesariamente con cuerdas o látigos; empieza con una conversación.

En esta guía práctica para principiantes vamos a ver cómo iniciarte paso a paso en las dinámicas de dominación y sumisión, qué reglas conviene establecer, cómo fijar límites y qué pequeños trucos pueden ayudarte a explorar esta relación de poder de forma segura, excitante y consciente.

Abre la mente, habla, acuerda… y descubre hasta dónde quieres llegar.

Cómo iniciarse en el BDSM paso a paso

¿Prefieres escucharlo? También puedes disfrutar de este artículo narrado en nuestro podcast:

El BDSM incluye una infinitud de prácticas sexuales que, en esencia, funcionan como juegos de poder donde cada persona acuerda el rol que desea ocupar y hasta dónde quiere llegar. ¿Nunca has sujetado o te han sujetado las manos mientras practicabas sexo? ¿Puedes imaginar que en vez de sujetarlas están atadas con alguna cinta de seda, cuerda o esposas? Por decirlo de una manera simple, son formas suaves de iniciación: unas esposas, un pequeño látigo y una interpretación doméstica con roles de dominante-dominado. Y por si te lo cuestionas, no, no estás mal de la cabeza por querer hacer BDSM.

¿Quieres saber cómo convertirlo en una práctica incluso más excitante para salpimentar tu relación?

Puedes empezar utilizando únicamente una venda para los ojos (privación sensorial), cintas de seda o esposas (las ataduras eróticas, cuanto más suaves, mejor) e introducir otros elementos que puedan ser erotizantes: los cachetes en las nalgas (spanking), una fusta (flogger) o un cinturón (elementos de impacto dentro de los instrumentos de picadura) y algún disfraz pueden ser la expresión de muchas de las fantasías sexuales. Pero, antes de hacerlo, lo primero es hablarlo.

Me atrae, pero ¿cómo empiezo?

Poco a poco… nadie necesita a un Christian Grey en su alcoba por mucho que nos exciten sus historias. Muchas personas sienten dudas o incluso miedo a que les guste la dinámica de poder. Si te ocurre, es útil leer sobre cómo gestionar esa sensación de forma consciente en el artículo de la psicóloga Arola Poch, El miedo a aceptar que me gusta la sumisión (y la dominación).

De hecho, lo primero que se debe hacer es hablar con nuestra pareja o amante sobre el tema. Puede ser tan sencillo como preguntar si compramos estas o aquellas esposas, si bien la conversación no debe quedar ahí. Tras las primeras risas nerviosas y la adquisición de los juguetes BDSM que vamos a usar, hay que seguir hablando: a quién le gusta que le aten, qué quiere que le hagan cuando no pueda mover las manos y qué claves fijamos si el sumiso quiere aminorar la frecuencia del spanking, además de otros pequeños, pero importantes detalles. Por cierto, si tienes dudas sobre las palabras que se emplean en los juegos de sumisión y dominación, te recomiendo que tengas a mano nuestro Diccionario BDSM para kinksters advenedizos.

Reglas, límites y trucos para empezar a dominar

A veces, asumir un rol dominante o sumiso puede generar dudas o resistencias. Pero disfrutar de la sumisión no implica debilidad, ni ejercer la dominación implica agresividad. Como en cualquier juego de poder consensuado, lo importante es que ambos roles se elijan libremente y se vivan con comodidad.

Ser castigado no tiene que significar que esa persona vaya a ser humillada. Es más, tal y como nos contaba Venus O’Hara «[…] si te portas muy mal, acabas controlando tu castigo y todo el juego». Y como todo juego, el BDSM tiene sus reglas, sus límites y sus trucos.

Reglas

Toda relación de dominación y sumisión necesita reglas claras. No para limitar el placer, sino para hacerlo más intenso y seguro. Antes de empezar, acordad qué está permitido, qué no lo está y qué papel adopta cada persona dentro del juego de poder.

Por ejemplo, si uno asume el rol de «paciente» y el otro el de «enfermera», pueden establecerse normas sencillas: el sumiso acepta las indicaciones, mantiene el rol durante la escena y respeta las señales acordadas; el dominante controla el ritmo, observa las reacciones y comprueba periódicamente que todo sigue siendo una experiencia deseada.

Iniciarse en prácticas como el edging —controlar y retrasar el orgasmo— es un excelente punto de partida para entender cómo diseñar reglas, premios y pequeños «castigos» dentro de la escena. Aprender a ordenar que se detenga el clímax, decidir cuándo se permite continuar o convertir la espera en parte del juego ayuda a estructurar la dinámica de poder de forma consciente.

Las reglas también pueden incluir cuánto dura la escena, qué ocurre si se rompe el rol o qué señales indican que es momento de bajar la intensidad, como establecer una palabra de seguridad. Cuando las normas se pactan con anticipación, el juego deja de ser improvisación y se convierte en una experiencia compartida, segura y profundamente excitante. Cuando las normas se pactan con anticipación, el juego deja de ser improvisación y se convierte en una experiencia compartida, segura y profundamente excitante.

Límites

Siempre son los mismos: el dolor físico, la humillación o, simplemente, una sobrevenida falta de apetencia. Por eso es muy importante hablar, fijar claves y tener un plan B. Todo ello forma parte de una práctica basada en el consentimiento continuo y en la responsabilidad compartida. La confianza hará que puedas decirle a tu pareja lo que quieres, pero también que cuando oigas o veas una clave, previamente acordada para parar o aminorar, esta se cumpla a rajatabla. Además, esa conversación también te llevará a que acordéis medidas alternativas del tipo «qué hacer si se rompen las llaves de las esposas». Consulta nuestra guía técnica sobre consentimiento en el BDSM.

Trucos

Cuanto más sencillos, mejor. En los juegos de dominación y sumisión, la fluidez lo es todo. Aquí tienes algunos trucos prácticos para que la experiencia sea más intensa y segura al mismo tiempo:

1. Establece señales no verbales claras. Si hay mordaza o restricción del habla, acordad un sistema con los dedos o con golpes suaves para indicar «para», «afloja» o «continúa».

2. Haz comprobaciones periódicas. El dominante puede apretar suavemente dos veces la yema de los dedos del sumiso para preguntar «¿Te está gustando?». Esa pequeña señal mantiene viva la conexión dentro de la relación de poder consensuada.

3. Controla el ritmo. Alternar momentos de intensidad con pausas breves aumenta la excitación y evita la saturación física o emocional.

El mejor truco, en cualquier caso, es no desconectar nunca del otro. El BDSM funciona cuando la dinámica refuerza la confianza

Errores comunes al iniciarse en el BDSM

Empezar en el BDSM no requiere experiencia, pero sí conciencia. Estos son algunos errores frecuentes que conviene evitar:

1. Ir demasiado rápido. Querer reproducir escenas intensas sin haber explorado antes dinámicas básicas puede generar incomodidad o inseguridad.

2. No hablar lo suficiente. El deseo no sustituye a la conversación. Expectativas, límites y fantasías deben ponerse en común antes de jugar.

3. Copiar lo que ves en la ficción. Las novelas y películas exageran dinámicas y omiten negociaciones, pausas y cuidados posteriores.

4. No establecer palabra de seguridad. Incluso en prácticas suaves, acordar una señal clara para parar o reducir intensidad es imprescindible.

5. Improvisar sin plan B. Desde unas esposas sin llave de repuesto hasta no saber qué hacer si alguien se siente abrumado: la previsión forma parte del juego responsable.

El BDSM no es más excitante por ser más extremo, sino por ser más consciente.

Señales de alerta: cuándo parar

En cualquier dinámica de dominación y sumisión o en cualquier tipo de juego de poder, saber detenerse es tan importante como saber empezar. Estas situaciones indican que es momento de parar o revisar lo que está ocurriendo:

1. Dolor físico no pactado o que supera el umbral acordado.

2. Pérdida de comunicación: silencio tenso, desconexión emocional o dificultad para responder a señales.

3. Sensación de humillación real no prevista en el juego.

4. Ansiedad, bloqueo o llanto que no forman parte de la dinámica acordada.

5. Incumplimiento de una palabra o señal de seguridad.

El consentimiento es dinámico. Puede retirarse en cualquier momento, y respetarlo refuerza la confianza y el deseo a largo plazo.

Checklist para tu primera experiencia BDSM

Antes de empezar, podéis revisar juntos esta pequeña lista práctica:

1. Hemos hablado claramente de qué queremos probar.

2. Hemos definido qué prácticas están permitidas y cuáles no.

3. Tenemos una palabra o señal de seguridad clara.

4. Sabemos quién adopta cada rol y durante cuánto tiempo.

5. Tenemos un plan alternativo si algo sale mal (llaves accesibles, herramientas seguras, etc.).

6. Hemos acordado un momento posterior para hablar de cómo nos hemos sentido.

Este último punto es clave: el llamado aftercare —cuidado posterior— puede incluir abrazos, conversación tranquila o simplemente permanecer juntos. El juego termina, pero la conexión continúa.

Los verdaderos expertos en BDSM son unos artistas que tienen mucho respeto –diría admiración– por las personas que dominan. Las respetan, puede que las amen y, por supuesto, es muy probable que practiquen uno de los actos sexuales más alucinantes sobre la faz de la Tierra. Pero, para ello hay que saber muy bien cómo hacerlo. Entre tanto aprende, juega, disfruta, ama y sé amado.

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